"Baruc había sido reclutado porque era escriba. Ahora Jeremías le dijo que grabara en el rollo de cobre la situación de cada escondite, y él se reunió con los trece hombres por separado, distribuyó los objetos y envió a los hombres a ocultarlos. Ninguno de los hombres conocía los escondites, los emplazamientos de los genizah, salvo el que se le había asignado. Baruc era el único que conocía la situación de todos y lo que contenían.
¿Por qué era el único en quien se podía confiar tanto?
La respuesta acudió a su mente durante un repentino asedio de la enfermedad, cuando el dolor congeló la respiración en su pecho y vio que sus manos se convertían en garras azules y exangües.
Jeremías había visto a Malakh ha-Mavet, el ángel de las tinieblas, que se cernía sobre él como una promesa. Su muerte inminente era parte de su responsabilidad."
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